Sobre el blog...

Aquí conseguirás un compendio de los mejores artículos de fútbol que me topo en la web, sobre curiosidades, datos históricos, polémicas etc. De vez en cuando me animo y escribo algo también...

jueves, 22 de abril de 2010

Las 10 más grandes polémicas mundialistas

Para llenar el vacío durante la cuenta regresiva al inicio del Mundial, las listas acerca de los mejores goles, equipos y jugadores de la historia de la competencia han pasado por todos los sitios habidos y por haber. Pero mientras la Copa del Mundo es un ámbito perfecto para momentos exquisitos y de belleza individual, el fútbol es un deporte que tiene sus dos caras: la buena y la mala. Los fiascos son tan festejados como las leyendas y como les diría cualquier fanático de larga data, el terrible dolor que se produce cuando las esperanzas de una nación son destrozadas en circunstancias siniestras dura más que la emoción por cualquier gol crucial, un pase sublime o una victoria ajustada.

La desgracia y la controversia han sido habituales invitados de cada Copa del Mundo desde el primer torneo. En 1930, el arquero de Uruguay salió en una gira estilo Calígula para liberar la tensión acumulada durante ocho semanas de entrenamiento. Y en 2006, la leyenda francesa Zinedine Zidane selló el final de su carrera con una escena digna de la lucha libre que no fue detectada por el árbitro principal, sino por el cuarto árbitro, justamente cuando la FIFA ha negado sistemáticamente el uso de las repeticiones instantáneas para tomar decisiones.

La controversia juega un rol santificado en la historia del campeonato. Para la FIFA, una audiencia de millones mirando el juego es importante, pero lograr que la audiencia hable del torneo es casi tan importante como que lo miren. La emoción que entrega la victoria hace que el corazón se saltee algún latido, pero la alegría pasa y puede ser olvidada. La mancha del escándalo o el ardor por haber sido robado y perjudicado permanece en la garganta como una espina de pescado que no puede ser deglutida por décadas. (Para chequear esta teoría en condiciones científcas, aguarde 20 años, vaya a un bar en Irlanda y levante su copa en un brindis público por Thierry Henry).

Aquí presentamos 10 de los momentos más controversiales en la historia de los Mundiales, cuyas heridas duelen todavía.

10. La batalla de la cerveza, 2006

La más prolongada discusión en la última Copa del Mundo no fue ni la "Batalla de Nuremberg" entre Portugal y Holanda -en la que un nervioso árbitro ruso, Valentin IVanov, sacó la insólita cantidad de 16 tarjetas amarillas y 4 rojas- ni la performance del referí inglés Gragham Poll, un infame y presumido oficial que le sacó tres tarjetas amarillas al croata Josip Simunic cuando dos debieron haber sido suficientes para mandarlo temprano a las duchas. La más caliente controversia ocurrió antes de que la bola siquiera fuera pateada, cuando los medios alemanes descubrieron que la firma americana Budweiser, Rey de las Cervezas -según el slogan-, se había garantizado el monopolio de ventas en los estadios del Mundial.

Bitburger, la valiente manufacturera de la cerveza local conocida como Bit, fue acosada para presentar una demanda mientras la prensa de casa encendía cada vez más las llamas del conflicto. Der Spiegel preguntaba "¿Qué es esta cerveza estadounidense? Una bebida fría de color ambar que te da dolor de cabeza sin emborracharte", furioso porque una bebida norteamericana fuera la única en venta en un país afamado justamente por su cerveza. Ante la presión local, Budweiser se vio forzada a retrodeceder, permitiendo a su rival local quedara disponible siempre y cuando la vendieran directamente de tirada, en vasos sin marca.

9. Tirarse es creer: Corea del Sur versus Italia y España, 2002

Italia, en 2002

Que uno sea paranoico no quiere decir que no lo estén siguiendo. Cuando el anfitrión Corea del Sur eliminó a Italia del torneo de 2002, el entrenador del equipo azurro, Giovanni Trapattoni, acusó una conspiración en su contra. El árbitro, Byron Moreno de Ecuador, parecía haberse asegurado que los coreanos progresaran una ronda más en el Mundial, eliminando un gol perfectamente lícito de Italia y echando del campo en una decisión controversial a la estrella de aquel equipo, Francesco Totti, por tirarse para conseguir una falta a favor.

Los diarios españoles despreciaron los reclamos italianos, pero cuando fue la propia España la que cayó ante Corea, en la siguiente ronda, los medios ibéricos cambiaron su tonada con un titular de Marca gritando: "¡Italia tenía razón!". El árbitro Gamal Ghandour dejó sin validez dos goles lícitos del seleccionado europeo y sus jueces de línea -uno ugandés, el otro triniteño- juzgaban que un ataque español tras otro ocurrían con posiciones fuera de juego. Moreno regresó a Ecuador y fue recibido como un héroe, pero dejó el referato dentro del año siguiente tras recibir dos suspensiones domésticas por malas actuaciones como juez. Ghandour se retiró poco tiempo después de que los diarios españoles lo acusaran de aceptar un auto Hyundai como "regalo" de la Asociación Coreana de Fútbol.

8. El Dios caído: Maradona, 1986 y 1994

Inglaterra enfrentó a Argentina en el duelo del rencor, en los cuartos de final de 1986. Era la primera vez que ambos rivales chocaban tras pelear en una guerra real por las Islas Malvinas. La lógica dictaba que un árbitro con experiencia se hiciera cargo de la tarea. En cambio, el represente de Túnez Ali Bennaceur fue premiado con su primera participación mundialista. En el minuto 51, Maradona usó la "Mano de Dios" para golpear la pelota sobre el sorprendido arquero inglés Peter Shilton hasta dentro del arco. Todo el mundo vio el uso ilegal del puño, excepto el hombre que importaba. Bennaceur convalidó el gol y más tarde culpó de su error a un tratamiento contra los hemorroides que estaba aplicándose en aquel momento y que afectó su visión. Cuando le cuestionaron la legalidad de su gol, Maradona sugirió inocente y en forma bastante poética que había marcado ese tanto "un poco con la mano de Dios y otro poco con la cabeza de Maradona".

Apenas ocho años después, el argentino fue el villano del torneo, y lo mandaron a casa por doparse con efedrina. Tras anotar un gol en la primera ronda, lo festejó con tal desenfreno que una muestra de orina resultaba casi innecesaria. Tomando la cámara de televisión que estaba al costado del campo y presionando su gesto contra ella, Maradona fue -en palabras del diario inglés The Guardian- "televisado alrededor del mundo, sus rasgos contorsionados lo hacían ver como un lunático, volando en un cóctel de adrenalina y toda droga recreacional conocida por el hombre".

7. Lo que diga el jefe: Francia versus Kuwait, 1982

El lSheik Fahad Al-Ahmad Al-Sabah, de Kuwait, en 1982

El fluido seleccionado francés deslumbró con su elegante y potente fútbol de ataque durante todo el torneo. Liderado por la creatividad ofensiva de "los tres mosqueteros" (Minchel Platini, Alain Giresse y Jean Tigana), fueron casi imparables en la ronda inicial. Y entonces se encontraron con Kuwait, que desarrolló una estrategia novedosa para evitar que anotaran. El Sheikh Fahad Al-Ahmad Al-Sabah, presidente de la Asociación de Fútbol de Kuwait, dejó su asiento y se lanzó al campo de juego, quitando a sus jugadores de una protesta ante un gol francés que -ellos aducían- había sido anotado después de que un jugador propio escuchara un silbato de las tribunas y dejara de jugar. El árbitro del encuentro, el ucraniano Miroslav Stupar, tomó una decisión salomónica y revirtió el fallo original, anulando el gol. Fue la única vez en la historia de la Copa del Mundo en que una decisión fue vetada por un miembro de la tribuna. Los franceses, igualmente, ganaron 4-1.

6. El arreglo teutón: Alemania Occidental versus Austria, 1982

Fanáticos de Algeria, en 1982

La valiente Argelia arrancó su primera Copa del Mundo dando la gran sorpresa ante Alemania Occidental: lo venció 2-1. En aquel momento, los partidos de la fase de grupos no se jugaban al mismo tiempo, y los resultados subsecuentes determinaron que la formación alemana comenzara su partido frente a Austria con plena conciencia de que un 1-0 a favor permitiría a ambos equipos progresar en el torneo en perjuicio, justamente, de Argelia.

Los austríacos procedieron a ceder un gol dentro de los primeros 10 minutos y, de allí en adelante, no pasó nada. Todo quedó como se esperaba, y aunque el arreglo entre los equipos nunca fue provado, alcanza decir que la pelota rara vez salió de la zona de mitad de cancha por los siguientes 80 minutos.

Indignados, los simpatizantes argelinos mostraron con impotencia billetes desde la grada para sugerir que había un acuerdo entre los equipos en cancha. Un fanático alemán expresó su desagrado quemando su propia bandera. El hotel de Alemania fue asediado por sus propios hinchas, que montaron una protesta, pero el entrenador del equipo, Jupp Derwall, deshechó las críticas arguyendo que sus dirigidos querían "pasar de ronda, y no jugar al fútbol". El legado de este incidente fue el cambio de reglas para los siguientes torneos: los últimos dos partidos de cada grupo ahora se juegan en el mismo horario.

5. No llores por mí: Holanda versus Argentina, 1978

Argentina, los anfitriones, alcanzaron la final contra la creativa Holanda en circunstancias dudosas. Los argentinos necesitaban una victoria por cuatro goles para clasificar a la final y le hicieron seis, en un partido ante una escuadra peruana sospechosamente paralizada y -más tarde- acusada por rumores varios de haber recibido una buena paga para dejarse hacer los tantos.

Pocos partidos han sido jugados en una atmósfera más intimidatoria que esa final, que tuvo lugar en la furibunda Buenos Aires, en el Estadio Monunmental. El trofeo se levantó gracias a momentos de fútbol técnico y brillante, pero la "caballerosidad" de los anfitriones tambén tuvo un rol escencial en ese resultado final. Primero, el omnibus de los holandeses fue llevado por un circuito extendido hasta llegar al estadio. Después, lo holandeses se mantuvieron en el campo unos 10 minutos antes de que comenzara el juego, mientras sus rivales locales elegían mantenerse en los vestidores y dejaban a los naranjas frente a una guerra nerviosa con una turba de 70.000 fanáticos opuestos a ellos como única compañía.

Los argentinos finalmente emergieron desde el tunel, sólo para cuestionar la veracidad del yeso que cubría la mano del jugador holandés Rene van der Kerkhof, que había sido sancionado por la FIFA y advertido en partidos anteriores. Cuando ganó el juego mental, Argentina estaba lista para ganar el juego real, llevando luego el trofeo a la junta militar reinante entonces en el país.

4. Esposas: el escándalo del brazalete de Inglaterra en Bogotá, 1970

Inglaterra pudo haber estado defendiendo su título de campeón en México 1970, pero los ingleses era vehementemente rechazados en toda América Latina. El continente entero todavía alimentaba su furia de la última Copa del Mundo, que según se creía con bastante fuerza había estado arreglada. Los ingleses, para ofender más aún a sus anfitriones, habían viajado con un gran arsenal de comidas congeladas para evitar cualquier comida local y alguna venganza de Moctezuma asociada a ello.

En su camino al torneo, el plantel inglés paró en Bogotá, Colombia, y el capitán y talismán Bobby Mooe fue apresado por -supuestamente- robar un brazalete de esmeraldas. El resto del equipo continuó su viaje, pero el icónico defensor fue detenido en arresto domiciliario por cuatro días antes de ser liberado.

El equivalente moderno a este incidente sería que Wayne Rooney fuera encarcelado en el camino a Sudáfrica. La pérdida temporaria de Moore desarmó al equipo inglés, que perdió aún más el sueño gracias a la flotilla de automóviles mexicanos que gastaron todas sus horas nocturnas tocando la bocina alrededor del Hilton de Guadalajara, el hotel base del campamento inglés. Alemania Occidental tuvo su revancha por 1966 al eliminar al cansado equipo británico en los cuartos de final.

3. Reparaciones de guerra: Inglaterra versus Alemania Occidental, 1966

El fútbol realmente llegó a casa cuando la Copa del mundo se disputó por primera vez en Inglaterra, la nación que inventó el juego. El equipo local ganó su único campeonato, pero la legalidad de su triunfo siempre fue puesta a duda y su vencido, Alemania Federal, se convirtió en uno de los máximos rivales.

La final se disputó en el estadio de Wembley, en Londres. Los 93000 espectadores que llenaron las gradas estuvieron reforzados por otros 400 millones que sintonizaron por televisión este partido el primero entre estos dos adversarios desde la guerra-. El juego estaba empatado 2-2 al final del tiempo regular. A los once minutos del suplementario, el delantero inglés Geoff Hurst convirtió el tercer gol del anfitrión. Sin embargo, la pelota no ingresó en el arco pese al dictamen del juez de línea soviético, Tofik Bakhramov, que convalidó el gol. Hay una historia apócrifa que cuenta que cuando Bakhramov estaba en su lecho de muerte, se le preguntó cómo estaba tan seguro de que era un gol y dio la respuesta de una sola palabra "Stalingrado", refiriéndose a la sangrienta batalla de la Segunda Guerra Mundial en el que murieron 750.000 soviéticos a manos de alemanes.

2. Los puños de la furia: Italia versus Chile, 1962


El mundial de Chile, en 1962

La reputación de los italianos por sus tácticas maquiavélicas se transformó en legendaria en la famosa "Batalla de Santiago", frente a Chile. Uno de los partidos más violentos en la historia de la Copa del Mundo, fue más una demostración de artes marciales que un partido de fútbol. La acción fue tan chocante que la BBC creyó conveniente agregar un prefacio a la transmisión del partido, que se pasó en diferido. Era la siguiente advertencia: "Buenas noches. El partido que usted está por ver es la exhibición más estúpida, horrorosa, desagradable y vergonzosa posiblemente en toda la historia del juego".

Pasaron apenas 12 segundos para que se sancionara la primera falta del encuentro, y 12 minutos para que el primer jugador fuera expulsado. Fue el mediocampista italiano Giorgio Ferrini, que se negó a dejar la cancha y tuvo que ser removido del campo a la fuerza por la policía. Tras intentar dirigir esos disturbios que duraron 90 minutos, el árbitro Ken Aston se inspiró para inventar las tarjetas amarillas y rojas, admitiendo: "No arbitré un partido de fútbol, actué como el juez en maniobras militares".

1. Camisas negras: Italia versus Francia, 1938

Italia, en 1938

Con Europa al borde de la guerra, el equipo italiano de Mussolini, el campeón defensor, reveló su rol como talón del torneo. Sus partidos en Francia mostraban turbas bulliciosas de exiliados italianos anti-fascistas, hasta 10.000 personas pro juego, que llegaban para abuchear cada movimiento de su país. Estas protestas solo parecían servir para elevar el nivel de juego de Italia. Liderados por el astuto juego de Giuseppe Meazza, el equipo se paseó hacia su segundo caompeonato mundial consecutivo.

La controversia llegó en los cuartos de final, en el duelo ante los anfitriones. Como los dos equipos utilizaban camisetas azuls, le pidieron a Italia que llevara su casaca alternativa, tradicionalmente blanca. En su lugar, y bajo órdenes de Mussolini, el equipo llegó a la cancha con camisetas negras, la Maglia Nera, un símbolo de la temida y despreciada policía paramilitr fascista. Fue un gesto diseñado para provocar a los miles de franceses e italianos opositores que estaban en la grada. Como un adorno adicional, Il Duce ordenó a sus jugadores hacer el saludo fascista antes del pitazo inicial, hasta que los aullantes opositores se quedaran sin energía para insultarlos. El equipo se quedó con el título por los siguientes 12 años, en los que hasta la Copa del Mundo quedó truncada por el conflicto que consumió al continente.

Via: ESPN

miércoles, 14 de abril de 2010

No sigáis el ejemplo que Caracas dio

De las mejores cosas que existen para un hincha del Caracas Fútbol Club es ese momento en el que empieza a sonar el Himno Nacional y todo el mundo hace silencio, esperando con ansias el momento de gritar, con toda la fuerza de nuestra garganta: “Seguid el ejemplo que Caracas dio”

Sin embargo, creo que después de ayer correspondería guardar silencio durante esa parte también. Anoche el Caracas dio una exhibición de fútbol mediocre, pero bueno, eso le pasa hasta al más pintado. Lo impresionante fue el ejemplo que dio la Barra Roja.

No hablemos de moralismos, eso lo discutirán largamente y con razón más o menos todos los comentaristas deportivos. Es EVIDENTE que el comportamiento de la barra del Caracas fue infantil y tercermundista. En cambio yo me pregunto:

1) ¿Acaso creemos que el Caracas FC es el Barcelona, que le gana partidos en casa al Madrid? NO, el Caracas es campeón de una liga bien discreta, como lo es la venezolana, y es posible (por no decir probable) que pierda contra equipos de mas trayectoria. ¿Por qué hay que ir a caerle a golpes a la barra del contrario antes del partido? ¿No les parece que quedamos en ridículo con esa demostración de prepotencia si después viene el otro equipo y nos gana?

2) Una hinchada que se enorgullece de su lealtad y fervor tiene que saber respetar la lealtad y el fervor de quienes se vienen desde otro país a apoyar a su equipo. Que estemos enfrentados no significa que no sea imperativo reconocer y felicitar a los integrantes de la otra hinchada por su compromiso. ¿Queremos “ganarles” como barra? Inventemos mejores cánticos, gritemos más fuerte, seamos más alegres, saltemos más, que se yo… Lo de ayer era como un niño fastidioso que le da un canillazo a su hermanita porque esta le ganó un partido de damas.

3) Moléstate con Phillip Valentiner, con Bencomo, con los jugadores. “En las buenas y en las malas” está muy bien, pero también hay que presionar al equipo, es parte de la función de los hinchas. Los chilenos no tuvieron la culpa de que el Caracas jugara mal. Al tercer gol una de las personas sentadas cerca de mi gritó “No Joda, esos chilenos no salen vivos hoy de aquí” ¿Acaso ese es el plan? Como no jugamos bien, amenazamos con caerle a palo al contrario si nos gana (en casa, donde estamos guapos y apoyaos). Hampa común.

4) El jueguito de la culpa: “Es culpa de los organizadores que los pusieron muy cerca” “Quien les manda a los Chilenos a sacar su bandera” “Es culpa de la PM que no actuó a tiempo” o la que más me molesta “es que ellos empezaron”. Todo eso lo escuché anoche en las gradas. A mi me gustaría decir que fueron unos pocos que nos arruinaron la noche a todos los demás, pero la verdad es que a mi alrededor no escuché una sola voz de reproche al comportamiento de los violentos. Me atrevería a decir que había cierto orgullo en el aire.

Así que este fue el ejemplo que Caracas dio ayer: Cobardía, irresponsabilidad, tercermundismo, violencia y tontería.

Merecemos que nos quiten el Universitario, y lo digo con mucho dolor. Seguiremos alentando en el Brígido Iriarte, con toda la emoción de siempre, pero quizá pensando dos veces si asistir al próximo compromiso internacional. Yo no quiero acompañar a un grupo de locos a hacer el ridículo en televisión continental.

La barra roja ha crecido en los últimos años y eso es excelente, no sólo para el equipo, sino para el fútbol nacional. Ahora la fuerza es mayor, pero la responsabilidad también debe serlo: Es necesario aprender a perder como caballeros. Quienes propiciaron, ejecutaron y estuvieron de acuerdo con la violencia de ayer tienen que rápidamente ver como hacen para unirse al resto del mundo en el siglo XXI.

Por Carlos Peláez

Vía: Código Venezuela

jueves, 25 de marzo de 2010

El peor final posible


Durante una década Noel Sanvicente y el Caracas fueron un matrimonio ejemplar, de esos que generan envidia entre los vecinos. La buena relación permitió que los rojos del Ávila vivieran sus mejores momentos, mientras que “Chita” se transformaba en uno de los entrenadores más exitosos en el historia del fútbol nacional. Como toda pareja, Sanvicente y el Caracas tenían sus diferencias, pero estas eran solventadas gracias a los deseos mutuos de trascender. Por fortuna, los famosos trapitos sucios siempre fueron lavados en casa; sin embargo, con el paso del tiempo la brecha filosófica fue abriéndose y la situación llegó a convertirse en insostenible.

Los malos resultados hicieron las veces de detonante para que el vínculo se quebrara y lo hiciera de la peor manera posible: con duras acusaciones de bando y bando a través de los medios de comunicación. El divorcio se consumaba. Una de las quejas más duras de Chita tuvo que ver con la intención de los directivos de “manosearle el equipo”. También se refirió a los “enemigos de antes que son amigos de ahora”. Philip Valentiner, VP del club, respondió que era “su equipo” y que el gran problema era que Sanvicente “se oponía al nuevo modelo del Caracas que consistía en formar y vender jugadores para hacer rentable el negocio”.


Hay un factor X en esta ecuación: el técnico nacional, César Farías. El propio Valentiner confesó que ha venido trabajando para lograr un acercamiento con Farías tras años distantes. El objetivo, según Valentiner, es dejar atrás trabas existentes para abrirle un camino mucho más expedito a los jugadores del rojo a las diferentes selecciones. Este cambio en las relaciones molestó a Sanvicente, quien se sintió traicionado por sus jefes.


Es público y notorio que Chita y Farías se ubican en aceras opuestas, por eso el evidente malestar del ex DT capitalino. Las rupturas traumáticas suelen dejar heridas abiertas y eso es lo que precisamente está ocurriendo en el caso de Sanvicente y el Caracas. Una verdadera lástima que un ciclo tan exitoso haya terminado de esta manera, con las partes peleadas. Ahora queda esperar que el tiempo haga su trabajo y que las heridas cicatricen como corresponde.

Francisco Blavia

Vía Lider

miércoles, 17 de marzo de 2010

El Gran Tiziano Crudeli

Creo que no hace falta decir mucho, sólo que pocas personas viven el fútbol como Tiziano Crudeli. Más bien, necesitamos a alguién así en Venezuela, que le ponga algo de sabor a las transmisiones, y no tener que escuchar a Juan Andrés Daza (Meridiano TV) tratando de ser cómico diciendo: "le hizo un ñaña ñaña"

Disfruten:


lunes, 15 de marzo de 2010

Arsenal, fútbol en estado puro

Arsenal es el equipo más elegante del mundo. Su filosofía de juego se basa en los fundamentos básicos del fútbol. Cuando tiene la pelota, parte desde el pase a un compañero. Cuando no la tiene, todos los jugadores se involucran en la recuperación. Está en movimiento todo el tiempo. Esto no es habitual. La gran mayoría de los equipos corre solamente para presionar y recuperar la pelota. Arsenal lo hace. Pero sus futbolistas también se mueven para darle al compañero una opción de pase. Corto o largo. Por arriba o por abajo. Se comprime en el retroceso y se despliega en ataque. Fútbol en estado puro. Me da placer y me genera admiración ver a un equipo que ejecute con tanta convicción los conceptos elementales de este juego.

A sus 60 años, Arséne Wenger es tan elegante como el equipo que dirige. Tiene un perfil aristocrático. Su padre era restaurador. Descubrió el fútbol en la región de Alsacia, territorio de larga disputa entre Francia y Alemania hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando quedó bajo dominio francés. Wenger quedó fascinado por el dinamismo y la velocidad de los equipos alemanes. Mediocampista ofensivo, decidió seguir siendo amateur para quedarse en la universidad. Se tomó un avión a Londres y estudió inglés durante tres semanas en Cambridge. Su aspiración era heredar el negocio familiar de autopartes. Sin embargo, hizo el curso de entrenador y a los 31 años se convirtió en el DT de las juveniles de Estrasburgo. En 1983, se mudó a Cannes para hacer el mismo trabajo. Y en la temporada 84-85, Aldo Platini, el papá de Michel, le ofreció dirigir al equipo principal de Nancy.

Arsenal cuida la pelota como si fuera un tesoro. Pero no se regodea en el toque porque sí. Su toque siempre tiene un sentido. Defenderse con la pelota, desarticular la presión del rival, tejer el juego para que el wing quede mano a mano con su marcador o simplemente hacer correr al contrario. Es raro ver a un jugador de Arsenal gambetear en la mitad de la cancha. Ahí pasan rápidamente la pelota. En los últimos 20 metros de la cancha, es otra historia. Llega el momento del desequilibrio individual o del 2-1 contra el adversario para concretar el desborde y tirar el centro atrás doloroso, ese que toma a contrapié a la defensa rival. Marca muchos goles dentro del área chica, verdaderos pases a la red que llegan después de una jugada bien elaborada. En Arsenal, la pelota la tiene el equipo, no un jugador.

En 1987, Wenger fue contratado por Mónaco. De entrada, le descubrió potencial a un adolescente liberiano. Era George Weah. Perdió la final de la Copa de Francia en 1989 contra Olympique de Marsella. Se tomó revancha dos años más tarde con un argentino como figura. Se llamaba Ramón Díaz. Meses más tarde, Ramón volvería al país para romperla en el Ríver de Passarella. Mientras tanto, el Mónaco de Arsenio seguía jugando con su estilo. Semifinalista de la Copa de Europa en 1994, perdió contra el Milan de Capello, luego campeón. Despedido en plena temporada 94-95, atendió el llamado de los japoneses. La liga profesional había comenzado dos años antes y desde la Federación buscaban entrenadores con vocación de enseñar. Se fue al Nagoya Grampus Eight. "Esos años que pasé en Japón han sido un punto de inflexión en mi vida. La cultura europea es unidimensional. En Japón me encontré con valores diferentes y una cultura diferente. Tuve que abrir mis ojos y pensar en los valores que había incorporado durante mi juventud. Redescubrí el placer de entrenar con jugadores que mostraban un gran entusiasmo en su camino al profesionalismo".

En Arsenal, la idea está por encima del sistema táctico, bastante reconocible. El arquero titular es el español Manuel Almunia, el más regular desde el retiro de David Seaman, alias "la Foca" o el de la cara de actor de película porno. Siempre juega con línea de cuatro en el fondo. Aunque parezca extraño, el primer Arsenal de Arsenio (temporada 96-97) presentó tres centrales en la defensa. Wenger llegó en septiembre de 1996, con el campeonato ya empezado, y prefirió no tocar el esquema hasta el año siguiente. Hoy, el lateral derecho es Bacary Sagna. Potente y algo descontrolado, le ha quitado el puesto al marfileño Eboué. El lateral izquierdo es otro francés: el zurdo Gael Clichy, consistente marcador. El entrenador lo descubrió en Cannes a los 17 años. Cuando Ashley Cole se fue a Chelsea, se adueñó del puesto.

La lesión de William Gallas, otro francés, ha provocado el regreso del veterano Sol Campbell. El ex de Elle Mac Pherson (¡bien ahí!) es el ladero del belga Thomas Vermaelen, un acierto de Wenger en el mercado de verano. Procedente de Ajax, reemplazó con solvencia al marfileño Kolo Touré, compañero de Tevez en el Manchester City. De gran juego aéreo, Vermaelen ha marcado ocho goles en la temporada.

Arsene fue el primer entrenador francés en llegar a la Premier League. En 1996, Arsenal era un equipo con muchos futbolistas en problemas. Tony Adams, Ian Wright, Paul Merson y Ray Parlour, entre otros, se la pasaban protagonizando episodios policiales. Los jugadores le rechazaron su pedido inicial de practicar en doble turno. Entonces, estiró la sesión de la mañana. Contrató un masajista. Impuso el calentamiento previo y la elongación posterior. Había estudiado fisiología y era un experto en nutrición, flexibilidad y en las mejores maneras de cuidar el físico de un jugador profesional. Prohibió la comida chatarra. Convocó a nutricionistas para que explicaran los beneficios de una balanceada alimentación. Impuso trabajos específicos para cada músculo. Los jugadores comenzaron a tomar vitaminas y aminoácidos para recuperarse mejor y más rápido del esfuerzo. En Inglaterra, no había absolutamente nada de esto. Las tabernas y las pintas de cerveza estaban por encima de cualquier cuidado personal. Y Wenger llegó a la cuna del fútbol para provocar una revolución.

Arsenal puebla la cancha con muchos mediocampistas, complementarios y compatibles. Hay un libero que juega por delante de los cuatro defensores. Habitualmente es Alex Song, un camerunés que Wenger reclutó a los 17 años desde Bastia. Está obligado a ser la referencia para sus compañeros del medio. Casi siempre lo acompaña Abu Diaby, alias Salchicha o un baby Patrick Vieira. Este francés llegó en 2006 a los 20 años. Postergado por lesiones, le está dando su mejor versión al equipo en esta 2009-2010. Delante de ellos, juega Cesc Fábregas, el crack del equipo hoy lastimado. Formado en la cantera de Barcelona, es el dueño del último pase y llega al gol con frecuencia. Dicta el tempo del equipo. Es el director de la orquesta.

Por la derecha o por la izquierda, aparece Samir Nasri, otro francés. Marca, gambetea, llega y hace goles. Llegó en 2008 para reemplazar a Alexander Hleb, el bielorruso que se fue a Barcelona y ahora está en Stuttgart. Ausente Fábregas ante Porto, se puso su traje y la rompió con un golazo. Los mediocampistas que juegan por los costados son extremos cuando el equipo ataca. El concepto vale tanto para Theo Walcott, el único inglés que juega con cierta frencuencia, o para el ruso Andrei Arshavin, de gran Euro 2008. Arshavin fue wing izquierdo en el festival del martes pasado contra Porto pero también ha jugado de delantero central. Ese lugar hoy es para Nicklas Bendtner, el ídolo de Andy Murray quien vía Twitter festejó sus tres goles ante los portugueses. Su torpeza desentona entre tanta armonía pero Wenger le reconoce sus desmarques y el trabajo para molestar la salida del rival. El danés está en Arsenal desde 2004 cuando tenía 16 años pero recién ahora, con la venta de Adebayor a Manchester City, está logrando continuidad en el primer equipo.

Arsene fue campeón de Liga y Copa en la temporada 97-98 con Bergkamp, Overmars y Pettit, quienes explotaron gracias al funcionamiento del equipo. Nicolás Anelka rompió el molde al año siguiente y el club hizo un gran negocio al venderlo a Real Madrid. En la 99-00, llegó Thierry Henry, otro jugador potenciado por Wenger. Es notable la cantidad de futbolistas a los que el entrenador les sacó su mejor versión. Robert Pires, Adebayor, Gilberto Silva, Kanu, Ljunberg, Wiltord, Vieira se agregan a los ya mencionados. Hasta Papelito Lehmann se anota en esta lista. En la 2001-2002, volvió a conseguir el doblete. En la 2003-2004 ganó la Liga invicto. En 2005, levantó la FA Cup ante Manchester United por penales. En 2006, perdió la final de la Champions contra Barcelona.

Hoy el equipo pelea la Premier y está en cuartos de la Champions. A cinco años de su último título, la sospecha se renueva: "al final, mucho tiki-tiki pero nunca ganan nada". El periodista John Carlin, autor del imprescindible "El factor humano", el libro de la película Invictus, escribió hace poco en el diario El País: El Arsenal es como Barack Obama: bella retórica y grandes expectativas que no acaban de concretarse. Una delicia en los encuentros fáciles, o los que no son decisivos; pero decepcionante cuando se enfrenta a la dura realidad. Los grandes trofeos son para el equipo de Arsène Wenger lo que la reforma sanitaria y la resolución del drama de Oriente Medio para Obama: metas, a día de hoy, inalcanzables.

Arsenal ha perdido sus cuatro duelos contra Chelsea y Manchester United en esta competición. Pero Wenger no se rinde: "creo que cualquier cosa en la vida, si se hace realmente bien, se convierte en arte. "Si lees un gran escritor, te toca profundamente y te ayuda a descubrir algo nuevo sobre la vida. El día a día de la vida es importante si lo transformas -o intentas transformarlo- en algo que se asemeje al arte. Y el fútbol es así".

Los Gunners no tienen a Drogba, ni a Messi ni a Cristiano Ronaldo. Todo lo que logran es a base de funcionamiento con fundamentos irrenunciables: el pase, la dinámica, el desmarque, la técnica individual. Y no es lirismo. "Yo juego para ganar todos los partidos. Pero creo que el fútbol no es asunto de comprar y vender. Creo que es una construcción compartida. Trabajar y crecer juntos. Disfruto mucho cuando el equipo va creciendo y se da cuenta de las cosas que puede hacer".

Vuelvan a ver el 5 a 0 ante Porto (tremenda sandunga) y pongan a Vivaldi de banda de sonido. Lo van a disfrutar mucho. Es fútbol en estado puro, con los conceptos de toda la vida. Y no se preocupen por mí: aunque no gane nada, seguiré siendo hincha del Arsenal de Arsenio.

Juan Pablo Varsky
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Canchallena.com

viernes, 12 de marzo de 2010

La sensatez no cuesta, ¡vale!

Cuando concluyó el partido con Lyon, el portal electrónico del diario Marca preguntó en formato de encuesta si Manuel Pellegrini debía seguir en el Real Madrid. La respuesta del público merengue, aún en caliente, fue contundenente. El 66 por ciento respondió a favor del ingeniero. En consecuencia, periódico español levantó la encuesta, pero no evitó que inmediatamente después la gente exigiera la renuncia de su jefe, Eduardo Inda.

Dos conclusiones:

a) Bienvenida una afición que no se deja devorar por un resultado negativo, contundente es verdad, pero sólo un resultado. Que el árbol no tape el bosque, por favor.

b) Quiero aclarar que no todos los medios proceden igual, ni todos los periodistas estamos cortados por la misma tijera. Pongo énfasis en esto, porque vale un ejemplo negativo para que ciertas personalidades del fútbol se victimicen jugando su partido contra la prensa. De ninguna manera, los partidos se ganan en la cancha.

Volviendo al tema en cuestión: el entrenador chileno dio muestras de ser un gran conductor. Ensamblando a jugadores de renombre, con altos egos y con distintas procedencias. En la Liga de España ya alcanzó al omnipotente Barcelona y aún debe recibirlo en el Bernabeu. Logró satisfacer a un plantel de 15 o 16 titulares de los que inician sólo 11. A esta altura, el año pasado el equipo de la Casablanca estaba afuera de la Champions y muy lejos, conceptual y numéricamente, del equipo de Guardiola.

¿Los mas de 200 millones de Euros en incorporaciones fueron a la cuenta bancaria de Manuel Pellegrini? Claramente no. ¿Alguna vez dejaremos de caer en la sencilla reflexión que resume que es mas fácil echar al técnico que a los once futbolistas? Se sabe si un entrenador es caro o barato solo una vez que se fue, en función de lo que dejó. Pero hay que saber verlo antes. De lo contrario el precio pude ser muy alto. ¿Los jugadores cuestan lo que se paga? En este caso, no importa lo que cuestan sino lo que valen. Y la sensatez del público del Real Madrid es incuestionable, no tiene tasación. Solo valor, mucho valor.

Vía: ESPN